OBISPOS Y CURAS CONTRA EL MODELO DE LA MOTOSIERRA

OBISPOS Y CURAS CONTRA EL MODELO DE LA MOTOSIERRA

Obispos, curas y militantes de base católicos se manifiestan de diferentes maneras y se involucran en las denuncias de la crisis social. ¿Realmente importa lo que opine la jerarquía y la feligresía católica? ¿Tiene alguna incidencia? La relación entre la política, lo religioso y lo profano. La influencia de Francisco desde fuera de las fronteras de su patria.

Obispos que manifiestan su preocupación por la crisis alimentaria creciente y otros que advierten sobre la inacción del Estado en políticas públicas y llaman la atención también a la dirigencia política en general; sacerdotes que viven en barrios populares que denuncian al gobierno por retener alimentos mientras los pobres padecen hambre; declaraciones de organismos eclesiásticos que analizan críticamente la coyuntura y celebraciones religiosas en las que emergen manifestaciones de protesta contra el gobierno y sus medidas. Un presidente y miembros del gabinete que no solo descuidan la relación con las autoridades eclesiásticas sino que actúan con indiferencia ante solicitudes y demandas de los obispos. Mientras tanto, desde Roma, Francisco sigue atento a lo que pasa en el país, envía mensajes y produce gestos con consecuencias políticas. Todo esto conforma el menú de un escenario en el que, más allá de la prudencia con la que intentan manejarse los integrantes de la jerarquía católica, sitúa a una parte significativa de la Iglesia en alianza con quienes están siendo víctimas del ajuste y en una relación cada día más tensa con el gobierno nacional.

¿Cuál es la importancia política de la Iglesia?

Frente a este cuadro habrá más de una persona que se pregunte ¿cuál es la importancia de la Iglesia Católica en el actual panorama político social de la Argentina? No hay una única respuesta para ello. La mayoría de quienes estudian las cuestiones socio religiosas sostienen que la Iglesia Católica ha perdido feligresía y también influencia en la vida cotidiana de argentinos y argentinas. Asumiendo ese dato como cierto, no se puede negar sin embargo que la Iglesia sigue siendo una de las instituciones con mayor presencia territorial y alcance federal en la Argentina. Esa característica le permite captar con relativa facilidad los datos que irrumpen de la realidad social: por la cercanía de sus ministros y agentes insertos en la base social pero también por la capilaridad de su modo de estar. Para comprenderlo hay que mirar más allá de la formalidad de las parroquias y las capillas, para advertir que hay agentes pastorales en organizaciones, en comedores, en espacios sociales, en la educación, en la cultura. Cuando en la Iglesia se menciona a los “agentes pastorales” de ninguna manera esto se restringe a sacerdotes ni a religiosas o religiosos, aunque incluya a todos estos. Los agentes pastorales son, por así decirlo, “militantes” católicos: mujeres y varones algunos de los cuales tienen inserción institucional en la Iglesia y otras y otros coincidencias, afinidades filosóficas y/o espirituales, pero solo contactos y vinculaciones casuales o no con el aparato eclesiástico. No menos cierto es que en la Iglesia conviven posiciones diferentes y hasta contradictorias no solo en lo teológico, sino en lo político y cultural.

La Iglesia ¿referente?

La aclaración anterior intenta enunciar la razón por la cual la Iglesia Católica como tal sigue siendo un referente en el escenario social, político y cultural del país aunque sea indudable que su incidencia es decreciente dada la secularización general y la evidencia de una sociedad cada día menos atravesada por lo religioso católico.

No obstante la institución católica y algunos de sus referentes mantienen aún prestigio en muchos sectores de la sociedad. A ello se suma la mencionada capilaridad territorial para que dar como resultado que en coyunturas críticas la Iglesia tenga capacidad de poner en palabras la situación de sectores que sufren padecimientos y se transforman en víctimas.

También contribuye a lo anterior la crisis general del sistema político y la carencia de referentes que, desde la oposición, sean capaces de aglutinar las demandas.

Estos y seguramente otros son los motivos por los cuales distintos protagonistas religiosos católicos que van desde los Curas en la Opción por los Pobres (COPP), los sacerdotes villeros, los equipos de Pastoral Social, los equipos de Justicia y Paz y Caritas de diferentes lugares del país, hasta los mismos obispos, se hayan convertido en intérpretes de la crisis alimentaria vivida en las últimas semanas y en voceros de los reclamos populares en la materia. Es así porque hay convivencia con quienes sufren los padecimientos de la crisis y las angustias de las privaciones.

Se han visto entonces denuncias en boca de distintos voceros eclesiásticos, obispos, sacerdotes y quienes no lo son. Advertencias de índole institucional, declaraciones periodísticas señalando la gravedad de la situación, hasta manifestaciones de claro tinte político en el marco de actos religiosos como las ocurridas en la parroquias de Santa Cruz e Inmaculado Corazón de María en la última semana, aún sin dejar de lado la “aclaración” y pedido de “disculpas” posteriores del obispo Carrara en el segundo caso. Desde el púlpito de la catedral porteña el arzobispo de Buenos Aires, Ignacio García Cuerva, no esquivó hablar de las responsabilidades de quienes gobiernan y de la dirigencia política. El mismo día el obispo Carlos Tissera, Presidente de Caritas y titular de la diócesis de Quilmes, se expresó en términos muy similares. El Presidente de la Conferencia Episcopal, Oscar Ojea, cada semana ofrece un mensaje donde no están ausentes las referencias a los problemas de las y los argentinos. Entre otros se escuchó la voz de Jorge Lugones, obispo presidente de la Pastoral, de Jorge Lozano, arzobispo de San Juan, y de Eduardo García, obispo de San Justo. Todos ellos llamando la atención sobre la profundización de la pobreza, la necesidad de encontrar soluciones y la responsabilidad del Estado en la materia.

Tanto los COPP como los sacerdotes que trabajan en barrios populares que conviven con los más pobres, advierten y denuncian “proféticamente”.

Lo religioso y lo profano

A las palabras, la Iglesia suma gestos que, desde lo religioso, asumen e incorporan la perspectiva social. Así ocurrirá el próximo miércoles en La Matanza cuando el obispo Ojea presida una misa “junto a las madres de la Patria” en agradecimiento y como forma de reconocer a las mujeres que “todas las mañanas, cuando todavía está oscuro, encienden luces tenues en nuestro comedores”. Celebraciones similares y coincidentes habrá el mismo día en parroquias y capillas de otros lugares del país. Los protagonistas dirán que no hacen política. Los hechos revelan que la política esté presente y es inescindible de estas expresiones.

En varios de estos gestos los religiosos aparecen mezclados y coordinados con organizaciones y movimientos sociales con los que trabajan en el territorio. Caritas fue de las primeras instituciones que el gobierno de LLA convocó para canalizar la poca ayuda social que se brindó hasta el momento. Pero fue el obispo Tissera quien, en el Te Deum el 25 de mayo, advirtió sobre la importancia de tener en cuenta a los movimientos y organizaciones sociales en las tareas de solidaridad y asistencia. “Hemos aprendido a trabajar con un gran número de movimientos, asociaciones, centros vecinales, sindicatos, etc”, dijo. Y advirtió que “hoy nadie puede asumir la cantidad y complejidad del trabajo social de manera individual, y es por eso que insistimos en integrar a todos aquellos que con enorme sensibilidad atienden a los más pobres y en que también se les dé la ayuda necesaria para que puedan seguir haciéndolo”. “Nadie se salva solo” repite una y otra vez el Papa.

Francisco y la Argentina

Nada de lo anterior puede leerse al margen de la presencia de Jorge Bergoglio como Francisco en el Vaticano. Es el Papa de toda la Iglesia pero no distrae su mirada sobre lo que pasa en Argentina. Quienes lo visitan reconocen que está informado hasta el detalle de la realidad de su país. Y, de manera intencionada o no, sus enseñanzas universales que son críticas sobre la economía y los modos de hacer política, la primacía de los pobres, el funcionamiento de la justicia y el cuidado del ambiente, pueden aplicarse (y se lo hace) a lo que aquí pasa. Buena parte de los obispos son directos voceros de sus perspectivas y preocupaciones. Pero para no dejar dudas el Papa dice cosas tales como que “ningún gobierno puede exigir moralmente a su pueblo que sufra privaciones incompatibles con la dignidad humana”, se deja fotografiar con dirigentes sindicales aeronavegantes junto a una bandera de Aerolíneas Argentinas y se reúne con el gobernador Axel Kicillof en el Vaticano un día antes de que Javier Milei llegue a Roma.

En medio de todo esto, dentro y fuera de la Iglesia sigue el interrogante acerca de si Francisco visitará o no la Argentina. Él ha dicho que tiene la voluntad de hacerlo, pero la confirmación todavía está pendiente. Hay motivos a favor y en contra. Vinculados a la salud del pontífice, pero también a cuestiones relativas a la política y la coyuntura del país. Es una decisión que Bergoglio tomará en soledad, así sea después de escuchar opiniones de diferentes actores.