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ABEL SAUCEDO: «Nuestra primera guerra estaba dentro del ejército argentino»

El excombatiente cuenta que padeció en Malvinas la guerra del frío, la guerra del hambre y la guerra del abuso de poder.Por: Eliana Coronel y Paulo Ferreyra

Abel Saucedo.

Abel Ceferino Saucedo nació y vivió en sus años juveniles en Colonias Unidas. Es clase ´62. No había terminado el secundario cuando fue llamado para realizar el servicio militar obligatorio en el hospital militar de Curuzú Cuatiá, Corrientes.

El 2 de abril de 1982 las Fuerzas Armadas desembarcaron en las islas, tomaron la capital, Puerto Argentino y derrotaron a una pequeña guarnición británica. Cinco días después le llegó el llamado a Abel para que se presente en Curuzú Cuatiá. Como el hospital ya había partido para Malvinas, lo incorporaron al regimiento de infantería 4 y 5 de Monte Caseros y Paso de los Libres.

Como muchos jóvenes en los albores del ´80 solo recordaba haber escuchado o hablado de las Islas Malvinas en la escuela. Cuando se produjo la toma, la noticia llegó por la radio. «No tenía mucha noción de qué eran las Islas. A nosotros nos decían que no iba a haber guerra y que todo se iba a solucionar de forma diplomática. Como había sido el conflicto limítrofe entre la Argentina y Chile».  

Guerras internas

Después de varios periplos llegó a las islas el 30 de abril. Se acomodó junto a muchos otros soldados en carpas en los alrededores de la pista de Puerto Argentino, en la isla Soledad. Al otro día, en la madrugada del 1 de mayo sufrieron el primer ataque aéreo de parte de los ingleses. «Empezamos a correr», recuerda. «Teníamos miedo. Después nos advirtieron que no podíamos disparar tanto, porque en los alrededores había campos minados y podíamos volar todos. Igual, los aviones Harrier tiraban bombas sobre nosotros. Las naves inglesas lo que buscaban era dañar la pista para que no ingresaran más aviones argentinos en la isla». 

«Teníamos frío, no nos alcanzaba la ropa para abrigarnos. No nos dábamos cuenta de que el frío cortaba la circulación de la sangre. Teníamos dificultad para movernos. El frío fue muy duro, fue el primer enemigo que tuvimos que vencer. Teníamos que vencerlo, porque si no nos moríamos», describe.

En el recuerdo de sus vivencias, Abel sostiene que hay cosas que son propias de una guerra. «Se pasa hambre», dice, al tiempo que sostiene con más firmeza que «La guerra con el hambre es muy difícil de aceptar. Una vez me dijeron que debíamos estar en primera línea, frente al mar. Cuando bajaba la marea íbamos a buscar caracoles, los hacíamos hervir y por lo menos comíamos eso».

—Hay muchas cosas por saber de Malvinas. Las historias de cada uno de ustedes tienen un peso propio. 

—Cada excombatiente tiene su experiencia. Cada uno de nosotros tenemos un momento límite alojado en el inconsciente. Esas cosas, esos recuerdos o esas experiencias, cada uno las va a contar cuando esté preparado. Me preparé para hablar. Hoy, cada que vez que tengo que volver hablar, me quiero quebrar. Aledo Luis Meloni decía «Nadie vuelve de una guerra, si es que vuelve, como fue; muere el que muere y un poco muere el que vuelve también». Eso es cierto. 

Son muchas las experiencias que tenemos alojadas en nosotros y que no ven la luz. Por nuestras familias y por la gente que nos quiere, nos esforzamos y decimos que estamos bien. Pero no estamos bien. Hay un antes y un después de la guerra. Ojo, no nos hacemos víctimas, sino que simplemente si te fijás las estadísticas lo dicen todo, cientos de excombatientes que se han suicidado a lo largo de los años. 

—No hay libro que haya contado todas estas cosas… 

—Las experiencias que están alojadas en el inconsciente de los excombatientes no las han escrito ningún libro. Hay que dar tiempo. Cuando estudiaba derecho en la Universidad Nacional del Nordeste, en Corrientes, iba y hablaba para 300 alumnos. Llevaba diez excombatientes para que también contaran sus vivencias. De los días que estábamos, la mitad siempre se quebraba y no podía contar su experiencia. Hay muchos compañeros que todavía no han hablado. Depende de cada uno. 

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La esclerótica de sus ojos está blanca al comienzo de la charla. Recuerda la llegada a Malvinas, el frío, el hambre, el abuso de poder de sus superiores. Las palabras se extienden por diferentes guerras internas que sufre un soldado dentro de su propio ejército. Su esclerótica comienza a teñirse de rosa y después de rojo, se abren más silencios y las preguntas quedan paralizadas en un papel manchado de tinta. Abel se frota las manos. El dolor, el inconsciente golpea en sus ojos y en el tono de su voz. El soldado más joven de los ingleses tenía 28 años. Mientras estuvo prisionero, uno de ellos habló con los soldados argentinos, les decía «Loco Galtieri, ¿cómo va a mandar a los chicos a la guerra?». Ese soldado sacó su fusil y era diez veces mejor que los armamentos argentinos. Les mostró su campera térmica y era diez veces mejor que los abrigos argentinos. «Fue una guerra injusta».

Alberto Genaro Pavón, el Negro Pavón (centro), soldado chaqueño caído en Malvinas. A la derecha, Núñez de Quitilipi, y a la izquierda, Abel Saucedo.

El rol de madrinas y padrinos

Durante el conflicto bélico -del 2 de abril al 14 de junio de 1982- hubo personas que se acercaron al ejército para oficiar de madrinas y padrinos. Les asignaban un soldado y ellos debían cuidar de ellos y de sus familias después de la guerra. Abel Saucedo tuvo sus padrinos, quienes estuvieron ahí para apoyarlo cuando el volvió de las Islas. Él había prometido a su madre que iba a salir de la ignorancia. Sus padrinos le ayudaron a estudiar y le posibilitaron que entrara a la policía a trabajar –estuvo 20 años en la fuerza y pidió el retiro voluntario. Estudió abogacía, hasta que un día los 1.275 excombatientes de la provincia del Chaco lo eligieron para que sea el director de la oficia de Malvinas en la gestión del gobernador Domingo Peppo. Estuvo en el cargo tres años y fue el gestor de muchos beneficios para los excombatientes. Esa lista es larga y extensa como un rollo imaginario que abraza y se extiende a todo el territorio provincial. «Hice muchas cosas y siempre que pueda haré cosas por los excombatientes», sentencia.

Fuente: diarionorte